Querida madre primeriza, ¡cuida de ti misma, por favor!

En el barrio de María hay una proliferación de madres jóvenes a las que ve con unas caras tremendas de desesperación. Parece que trabajen demasiadas horas, miran a otras madres con envidia, se las ve nerviosas con los niños. Parece que estén al borde del abismo. PARAD. Parad un poco y disfrutad de la maternidad. Intentemos ser un poco menos duras con nosotras mismas.

La semana pasada parecía que fuese la semana de “madres al bordo de un colapso”. De repente empecé a recibir emails, llamadas y whatsapps tanto de compañeras de trabajo como de amigas-madres con interminables lamentaciones acerca de sus vidas. No sé si el hecho de que fuera luna llena o hiciese un frío invernal tuvo algo que ver, pero me dio mucho que pensar. Maldita sea, ese sentimiento de culpa. Todos los padres tenemos a menudo la sensación de que no podemos con todo, pero aún así lo hacemos todo y más. Y no tenemos tiempo para nosotros mismos. Te encuentras a ti misma tirándote de los pelos y preguntándote por qué demonios decidiste tener dos hijos tan seguidos. Ahora no estarías tratando con dos niños en la fase del NO continuo. NO-NO-NO…aaarg!!! Esa combinación en tu vida de trabajo, niños, marido y amigos puede llegar a ser explosiva. ¿PUEDO POR FAVOR TENER UNA HORA PARA MI MISMA?

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Ayer salí a cenar con una de estas amigas “he-llegado-a-mi-límite”. Y mientras a ella le salía el corazón por la boca mientras vomitaba todos sus problemas y quejas acerca de su difícil-agotadora-dura-pesada vida, yo pensaba: Increíble, cómo ha cambiado nuestra vida desde que éramos estudiantes hasta ahora. En aquel entonces íbamos un par de horas a clase, nos pasábamos medio día en el bar y en nuestra agenda solo aparecían las fiestas y cenas que teníamos la siguiente semana. Y ahora…ahora vamos embaladas. Queremos ser buenas madres, mujeres atractivas y sexis, amigas atentas, tener la casa impoluta, cocinar sano, tener los armarios ordenados, queremos tener una progresión en nuestra carrera profesional. Y por encima de todo, queremos que nadie se queje de nosotras. Lo queremos hacer todo bien. No queremos desrrumbarnos. Y por eso siempre vamos adelante, adelante, adelante. Y cuando de repente sentimos “uf, estoy muy cansada” o “mi ritmo cardíaco lleva ya unos días muy elevado”, decidimos hacer un plan para hacer las cosas aún mejor. Nunca peor.

Pero puede que ahí esté el quid de la cuestión. Que realmente deberíamos hacer menos. Creo que todas las mujeres hacemos siempre todo lo que está en nuestras manos y más para hacer que todo funcione correctamente. Y a veces damos demasiado de nosotras mismas. Creo que deberíamos llegar a un acuerdo para detenernos un poco. Admitamos que a veces es imposible compaginar un bebé llorón y un niño temperamental de dos años con trabajar 40 horas a la semana (¡mínimo!) y tener una vida sexual y mantener una vida social. Dejemos que tengan un poco de compasión por nosotras. Y cuidémonos de nosotras mismas porque si desconectas un rato no pasará nada. Sí, eres el motor principal de la familia (con permiso de los padres, pero sí, normalmente es así), pero aunque desconectes un rato, tu familia seguirá siendo lo más importante del mundo. Nadie te lo recriminará.

Odiarás tener que dejar tu trabajo en segundo plano y odiarás no poder salir de fiesta hasta las cuatro de la mañana o ver a tus amigas en contadas ocasiones. Pero es algo temporal, pero temporalmente la mejor solución para seguir adelante. Escoge con cuidado y escoge bien. ¿Cuáles son tus prioridades? Te lo diré yo…tu prioridad eres TÚ misma. Mientras tu estés sanas y no vayas por ahí como pollo sin cabeza corriendo como una loca por las calles, todo se pondrá en su sitio e irá bien.

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