Cómo el segundo embarazo es muy diferente al primero

Una vez que eres madre, parece inevitable que la gente te pregunte para cuándo tienes pensado tener el segundo. ¡¿Como si fuera algo que se puede pedir por encargo?! Sí, por favor, quiero otro de estos. Me encantaría. Pero admito que en torno al primer cumpleaños de Juan, me empezaron a entrar las ganas de un segundo. ¿No sería bonito otra versión mini de nosotros mismos? Mi marido se animó y al cabo de medio año el plan que tenía en mi cabeza estaba en mi cuerpo. ¡Hurra, habrá otro bebé! Con el test de embarazo aún en mis manos, ya fantaseaba con el período especial que me esperaba. ¿O eh … quizás no?

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Cuando es el primer embarazo, todo el mundo se cae de su silla por la buena noticia / sorpresa / alegría, y todo el mundo llega con regalos, consejos bien intencionados y cada dos por tres recibes mensajes de todo el mundo para preguntarte cómo estás. En resumen: durante nueve meses eres el centro de atención. Con el número dos el cambio radical de una mujer sin hijos a una madre ya ha tomado lugar y el segundo ya lo habían visto venir. Así que “felicidades chicos”, y de nuevo a la orden del día.

Si en el primer embarazo durante esas primeras semanas estabas enferma, cansada o simplemente no te sentías tan bien, te quedabas un rato más en la cama o te acostabas con un montón de DVDs y una taza de té en el sofá. Y era una gozada. Pero la segunda vez tienes un niño gritando al lado de tu cama a las 5am que espera que lo entretengas. Te pasas el día recogiendo Legos, ropa para lavar, biberones vacíos, corres del parque a la ludoteca, trabajas a tiempo completo y después de recoger a tu primerizo de la guardería además te toca ir al Mercadona con un niño cansado y con hambre. ¿Nauseas? ¿Cansada? ¿No te encuentras bien? Qué pena. No hay tiempo para eso.

Desde el momento en que tuve por primera vez una prueba positiva en mis manos, salí a comprar todas las revistas que tenían algo que ver con bebés, niños o la maternidad. Además, podía pasarme horas buscando cosas en Google y leerlo absolutamente todo y gastarme un sueldo entero en libros sobre el embarazo, el parto y el primer año de un bebé. En resumen, cada artículo que se haya dedicado al embarazo, me lo he leído y almacenado en mi cabeza. Si tuviera que hacer un examen, pasaría con matrícula.
Pero la segunda vez hay muy poco tiempo para leer. Y por otra parte, cuando ya tienes un niño pequeño, los libros que están en la mesita de noche contienen más dibujos que texto. Y la mayoría de las cosas ya me las sé, y además no suelen ir cómo los libros te cuentan.

Los cursos pre-parto, visitas guiadas a la sala de partos en el hospital y talleres sobre la lactancia materna; yo lo había hecho todo (y mi marido también). Entonces me pareció divertido y conveniente pero la segunda vez te parece una pérdida de tiempo.
Porque ahora sé que tener un bebé nunca sale cómo habías pensado, que saber cómo respirar en el empuje no tiene sentido si te hacen una cesárea de urgencia y que en el moment suprême del día más bonito de tu vida te da igual si suena música relajante y te rodean velas o si estás rodeada de médicos en el quirófano. ¡Que ese niño salga rápido! Eso es lo único que cuenta.

El yoga para embarazadas es otra de las cosas. Cuando estaba embarazada de Juan a partir de la semana 26 me apunté a clases de yoga cada lunes. Imagínate a diez mujeres embarazadas en una pequeña sala calurosa que no paran de hablar de lo que les esperaba. Mientras tanto, estábamos con nuestras enormes barrigas, la mitad de nosotras suspirando y apoyándonos en las colchonetas de yoga, y la otra mitad del grupo se quedaba dormida a causa del sonido relajante de la voz de nuestra profe.
Por no hablar de la clase con las parejas… era tronchante, porque los hombres aprendieron a darnos un masaje, nos mostraron imágenes de unos partos en los años sesenta (!) y todos tuvimos que sentarnos encima de una pelota de tenis para aprender cómo tratar con el dolor. Con el segundo embarazo ya sabía que una contracción era más dolorosa que estar sentada encima de cien millones de pelotas de tenis juntas y que no quería que nadie me tocara y mucho menos que mi marido me masajeara. Así que la segunda vez en vez de ir a yoga, dedicaba esa hora a darme un baño caliente.

“¿Por qué un embarazo dura nueve meses?”, es lo que pensé la primera vez. ¡Era taaaan largo! No veía la hora de que las 40 semanas hubieran pasado. Por otra parte estaba tan obsesionada que la habitación ya la tenía lista a las 20 semanas, ya había comprado y lavado la mayoría de ropa para el primer año y sabía perfectamente qué sacaleches me iba a comprar. Y te puedo decir que 20 semanas es un tiempo largo. La segunda vez estaba tan ocupada con mi hijo de 2 años que con treinta semanas de repente me di cuenta de que aún no había hecho NADA.

Las pataditas en la barriga que ta da el bebé es la mejor sensación que hay. Es lo que pensaba durante mi primer embarazo. Juan estaba de fiesta todos los días de 23pm a 4am y yo estaba fantaseando con una sonrisa de oreja a oreja y dos manos sobre mi vientre. Con el segundo fue igual, pero esta vez no lo disfruté tanto, ya que su hermano mayor por lo general se despertaba antes de las 6pm y eso me dejaba sin muchas horas para dormir.

Durante mi primer embarazo, visité todas las tiendas de bebé y busqué por todo Internet para encontrar la cuna más segura para bebés, el cambiador más bonito y la mejor hamaca ergonómica. Me movía por la ciudad y toda la provincia para visitar cualquier tienda de bebés en persona. Sólo lo mejor de lo mejor era lo suficientemente bueno para mi hijo.
Con el segundo tenía la suerte de ya tener la mayoría de las cosas, y además sabía que un bebé puede dormir perfectamente en una cuna usada.

Durante mi primer embarazo tuve la idea idílica de que podría trabajar en casa después del parto, mientras mi bebé estuviera durmiendo o jugando a mi lado en una cuna, una mantita o un parque infantil. No llevaría a mi hijo a la guardería, pobrecito. Por otra parte, durante la baja por maternidad tendría un montón de tiempo para ir al parque y tomarme un latte macchiato con mis amigas.
Con el segundo ya sabía que la realidad es diferente. Un bebé recién nacido necesita ser cambiado, alimentado, cambiado de nuevo, abrazado, consolado, alimentado y cambiado de nuevo (y repetir esta melodía unas ocho veces más). Hay que esterilizar biberones, sacar leche, recibir visitas, hacer cafés. ¿La baja por maternidad es como estar de vacaciones? Lo pensaba en serio, pero no. Un bebé es un trabajo duro. Así que con el segundo fui más realista con respecto al período posterior al parto y también pensé seriamente en contratar una canguro. El segundo sí que va a la guardería.

Si la primera vez que estuve embarazada no esperaba ansiosamente el momento de mostrar mi barriga (que sólo alrededor de las 30 semanas era notable), la segunda vez con apenas 10 semanas ya no  me cerraban los pantalones.
Según la comadrona es perfectamente normal, porque con el segundo embarazo el útero, estómago y los ligamentos ya han sido estirados una vez y se nota la barriga más rápido. Pero sobre todo pensé: ¿Cómo estaré con 37 semanas?

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